lunes, 9 de diciembre de 2013

REFLEXIONES EN PROSA -> DICIEMBRE DE 2013 - VOL. I

Cuando inviertes más de un año en una historia y ves que no avanza, te duele. Y más cuando la otra protagonista de la historia era la chica que más has sentido nunca, y la más especial (aunque no sepas bien porqué). Cuando notas una conexión única con ella. Una conexión que quizá nunca da sus frutos y nunca te ha ayudado a llegar lo suficiente hasta ella.

Y a ti, te duele la impotencia, la ignorancia y el perderte entre incongruencias. Ves como avanza el miedo, como te va ganando. Es ese miedo del “¿y ahora qué?”. ¿En qué o en quién vas a invertir lo que invertías en ella? ¿En quién coño vas a derramar tus pensamientos antes de dormir?. Coño, si yo quiero seguir invirtiéndolo en ella. ¿Acaso eso no importa? Tú, piensas que quizá así es mejor, que no tenía que ser... O al menos no ahora.

Agradeces a ese persona todo lo que hizo por ti, agradeces a la 'gracia cósmica' haberla conocido. Sabes que sin ella no serías el mismo. Aunque por otra parte, te jode haberla conocido. Te jode porque ha puesto el listón muy alto. Ya no te vale una chica cualquiera, porque ella volverá a tu cabeza y te 'matará'.

Esperas que también ella saque cosas positivas del haberte sentido. Deseas que un día conozca alguien, sea feliz con él y, qué cojones, que te invite a la boda. Pero te queda la idea -y además la sientes- de que volveréis a encontraros, de que vuestras vidas volverán a buscarse... Y quizá, cuando eso pase, estéis preparados para hacer las cosas mejor. “Ojalá”, te dices. Pero antes, en este tiempo, quizá vuestras vidas quieran narrar otras historias... Historias que, por qué no, pueden llevarte muy lejos y te hagan olvidar. Porque los recuerdos matan. Y es que ¿acaso hay algo más peligroso que tus propios pensamientos?

Hasta pronto, y gracias por todo, Princesita. (nunca se me borrará tu huella)

---Alberto P.M.--- Barcelona, diciembre de 2013.

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