jueves, 12 de diciembre de 2013

REFLEXIONES EN PROSA -> DICIEMBRE DE 2013 - VOL. III

Me pareció siempre una chica extraordinaria, feliz y con una vida plena (de hecho, ansiaba su vida). Desde muy pronto, reaccioné a sus palabras, a ella, con un profundo sentimiento (algo que nunca sentí). Llevábamos menos de un mes hablando pero ella ya era como una hermana pequeña para mí. Era diferente, especial. Y no, nunca se lo dije (supongo que me equivoqué). Pero, de un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que tiene mucho miedo. Miedo a decir lo que siente y a pensar en ello. Piensa y escribe cosas que no siente, que sabe que no es realidad. No, no es una mentirosa. Sólo es alguien que quiere protegerse. Protegerse de sí misma. Igual que aquel -igual que yo- que se separa de ella porque se está enamorando, porque piensa que no es suficiente para ella y se acabará quemando. Ella prefiere decirse que no echa de menos a alguien, a él, pero sabe que le echa de menos. No la culpo por ello. Quizá así logre dejar de extrañar a esa persona. ¡No es mala estrategia! Sabe que le echa de menos porque piensa en él todos lo días. Porque quiere cambiar las cosas. Quiere que él esté más cerca. Pero quizá nunca se lo ha pedido. Tiene miedo a enamorarse, a entregarse demasiado a un chico, a él. Pero lo haría encantada. Debe ser que ya lo hizo antes y será que no salió bien parada. Pero ella seguro que sabe que el chico que la quiere necesita saber de su amor, de su complicidad. La pregunta es: ¿está preparada para luchar por lo que quiere?

Pero, ¿sabéis una cosa? Antes de poder amar, de entregarse a alguien, de dejar de tener miedo al amor, necesita quererse a sí misma. Necesita sentirse la chica preciosa, genial, dulce, magnífica, inteligente, divertida, molona... que es. Muchos se lo recuerdan, pero eso no sirve de mucho. No sirve de mucho cuando has tenido una experiencia que te dice lo contrario... Sí, ella sabe que es guapa y tal y cual, pero no lo siente así... Pero a partir de ahí, cuando se quiera, cuando agradezca lo que tiene y -sobre todo- lo que es, estará preparada para dar amor, para ser feliz. Y, estoy seguro de que cuando lo dé, recibirá todo lo que espera, lo que quiere, lo que anhela. Quizá no está preparada para el cambio, o no sea el momento...¡puede ser! Pero creo que su problema es que la da miedo cambiar su mentalidad. Debe ser positiva y agradecida con lo que le sucede (aunque no le vaya muy bien). A todos nos dan miedo los cambios, pero seguro que puede hacerlo... ¡está en ella!

Y, ¿sabéis otra cosa?, daría todo lo que tengo si así ella me pidiera ayuda. Si así se acercara a mí, confiara en mí, pudiera mostrarme su lado vulnerable, su lado real. ¡Sé que puedo aportarle mucho! Y, por supuesto, sería una forma de decirnos: “gracias”. Pero no lo hará. El orgullo, muchas veces, es mal compañero de viaje. Y sí, puede ser que tampoco confíe demasiado en mí, no en este momento. Supongo que también le da miedo pedir ayuda y le joda “molestar”. Pero debe saber que cualquiera estaría encantando de ayudarla. No sé, quizá alguien le ayude por mí, y me alivia pensar que será así (o está siendo así). O quizá, ojalá, de alguna manera, y aunque no lo lea, esto le ayude. Pocas cosas me harían más feliz que saber que ella lo es. Primero: feliz por ser quien es. Después: por tener lo que tiene. Y si llega un chico que le edulcore y le simplifique la vida, mejor. Me alegraré mucho por ella, pero debe entender que sólo sería un buen extra en su vida. Y es que, al fin y al cabo, yo sólo soy alguien que quiere verla sonriente en sus fotos, positiva y vitalista en sus escritos... Quiero saber que le va bien.

“¿Quién será ella?”, quizá os preguntéis. Pues ella es sólo una chica maravillosa con la que tuve la suerte de cruzarme hace mucho tiempo. Y por eso, por su grandeza, y quizá por otras mil cosas, la quiero.

---Alberto P.M.--- Barcelona, Diciembre de 2013

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