jueves, 16 de octubre de 2014

PERDIMOS LOS DOS

Ella vestía siempre bien:
zapatos caros de tacón,
vestidos nuevos de color,
y la sonrisa en perfección;
pero su mundo no iba bien:
le daba a todo sin control,
como ocultando su dolor;
¡qué peso el de su corazón!

Lo nuestro era para ver,
y es que era poco para ser
lo que le diera una razón
para calmarla en su adicción,
para decirle: “estoy, amor,
a punto de hacerlo mejor”.

Yo no tenía compasión:
“así, cariño, no vas bien,
voy a buscarte solución”;
y ella me dijo: "¡que te den!"

No había mucho por hacer
-querer no es fácil sin poder-,
y empezó a decir a todo “no”
hasta que un día enloqueció;
me dijo: “Alberto, hoy ya no,
no quiero nada de tu amor”,
y yo le dije: “¿sabes qué?,
no hablas tú, no es tu adiós”.

Y me sentí un perdedor,
yo quise darle mi calor.
Y todo fue para peor:
perdió ella y perdí yo.

---Alberto P.M.--- Barcelona. 10/10/2014.

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