jueves, 2 de enero de 2014

RELATO EN PROSA -> LA HISTORIA DE CUARZO Y AMATISTA

Cuarzo vive en su casa, con sus historias y sus cosas. Un día ve que ha llegado una chica, llamada Amatista, a la casa de al lado. Ella se instala allí. Cuarzo va a presentarse y descubre que Amatista es especialmente bella. Poco a poco se van conociendo, todo va bien. Él, muy pronto, se da cuenta de que ella es la chica de sus sueños: entiende todas sus bromas (como nunca hizo nadie), es inteligente, divertida, le gusta escribir... Incluso le llama más la atención su personalidad que su extraordinaria belleza. Es ya como una hermana pequeña para Cuarzo, aunque, por supuesto, también hay un componente sexual.
Pasado un tiempo, y gradualmente, Cuarzo ve como la puerta de la casa de Amatista cuesta más de abrir. Para entonces, él ya piensa a todas horas en ella. Empieza a escribirle cartas. A ella le gusta lo que él escribe y le responde siempre con interés. Pero su puerta ya está completamente cerrada... y el no sabe por qué. Cuarzo pasa los días pensando en qué escribirle para que la puerta de ella esté abierta. Pero él, ni por puertas, ni ventanas, ni paredes, consigue acercarse a Amatista. No consigue tener lo que antes tenían.
A todo esto, Cuarzo encuentra otras chicas y sale con ellas... pero siempre ve a Amatista en ellas. Aún así, él es feliz: esnifa azúcar, fuma espinacas y deshace camas de vez en cuando. Pero, mientras, va recibiendo cartas que remite el Universo, y todas hablan de Amatista. Él no entiende por qué le pasa esto, nunca le había pasado. ¿Qué intenta decirle el Universo?
Al final, Cuarzo se rinde. Deja de enviarle cartas. Se da cuenta que el miedo en ella, su inseguridad, han tenido mucho que ver con el hecho de que su puerta se cerrara. ¿Pero qué puede hacer ya él? No puede volver atrás. Y Amatista, quizá por orgullo, parece no querer su ayuda, la que le ayude a tener más autoestima y a poder abrirse más. Y, seguramente, no quiere la ayuda de ningún otro. Pero ella necesita ayuda. La impotencia (no sexual) en Cuarzo es enorme. Impotencia por no poder ayudarla, y porque sabe que puede demostrar a Amatista mucho más de lo ya demostrado. Y sigue recibiendo cartas que le hablan de Amatista, pero no son de ella.

Sí, yo vengo a ser Cuarzo.

-Alberto-
Barcelona, 29/12/2013


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